Barrio La Iguaná: sinónimo de resistencia en Medellín

Barrio La Iguaná: sinónimo de resistencia en Medellín

Barrio La Iguaná: sinónimo de resistencia en Medellín

Por: Andrés Ríos.

La Iguaná, es un barrio de Medellín que solo quienes desde el inicio están en él, conocen lo que tuvo que soportar para poder crecer hasta lo que es hoy.

Pioneras

Angélica Upegui, Fraquelina Suárez y Fabiola Rengifo, son tres de las primeras personas que arribaron al Barrio La Iguaná. Ellas, pueden dar fe de las necesidades que debían pasar cuando la historia del sector apenas iniciaba.

La señora Upegui llegó al barrio en el año 1945, relata que en ese entonces habían cuatro casas en la entrada, las cuales correspondían a las familias Rendón, Gil, Amaya y López.

“Yo recuerdo todas las inundaciones, siempre pendiente de cuando se subía la quebrada para subir a correr al morro. Si volteaban alguna volqueta se dañaban los ranchos de papel, por eso había que estar atento. Sin agua, sin luz, cocinando con leña y petróleo”. Recuerda Angélica.

“Cuando nosotros llegamos eran ranchos de plástico, lata y cartón, ahora son casas de material y con segundo piso. Recuerdo cuando nos bañábamos en la quebrada, cuando el agua era limpia, mucha gente hacían charcos en la orilla para lavar la ropa y comer. Luego pasó el tiempo y pusieron una pileta comunitaria, madrugábamos  a las 3 de la mañana para poder lavar porque nos teníamos que turnar”. Afirmó Fraquelina Suárez.

Angélica Upegui, Fraquelina Suárez y Fabiola Rengifo.
Problemáticas

La señora Suárez, además, recuerda que tenía solo 11 años cuando venía la policía a desalojarlos, por lo que el líder Arturo Villegas, les decía que cogieran ollas y tapas para hacer ruido.

Además, gritaban “techo sí, balas no”, con el ánimo de conservar su estadía en el sector. Ella afirma que desde el inicio siempre han querido sacarlos del barrio.

Por otra parte, Fabiola Rengifo, otra de las primeras habitantes del sector, recuerda que años hubo un desbordamiento de la quebrada que dañó muchísimas casas.

Gracias a ese gran inconveniente, un grupo de personas tuvieron que desplazarse a Robledo Aures, al Barrio Santander, al Doce de Octubre y otros más para El Limonar en el corregimiento San Antonio de Prado.

Necesidades

Mucha gente debía ir a estudiar sin nada en el estómago, y posterior a ello tenían que pedir restos de comida para satisfacer sus necesidades.

También, se debe recordar a aquellos que vivieron de la quebrada, de la arena y de las piedras de estas, y, después del reciclaje.

Ángela Upegui recuerda que la energía era hurtada de la agronomía por parte de unos, mientras que otros la cogían de un poste de energía.

Ahora bien, todas sienten un amor increíble por La Iguaná. A Fraquelina se le preguntó si le gustaría abandonar el barrio, a lo que esta respondió tajantemente que no. 

“Yo no me quiero ir, yo me quiero quedar en mi barrio. Aquí fue donde me tocaron las verdes y las maduras, pero yo quiero mucho mi barrio”. Afirmó la señora Suárez.

Fabiola, en cambio si lo duda un poco, ya que en algún momento sí ha pensado en irse para progresar y tener una calidad de vida diferente.

Pero la que más amor demostró por La Iguaná, fue la señora Angélica. Al ser cuestionada, esta respondió: “Uno aquí tiene la ciudad muy central, de aquí solo me sacan para el cementerio”.

Calles del Barrio La Iguaná.
Informalidad

Es común que en el sector nadie tenga escrituras de sus viviendas, la mayoría de las personas tiene solo certificados de compraventa.

“Acá le han dado solución a la gente que coge sus lotes, pero no a la gente que ha sido oriunda del territorio, es decir, a los invasores y no a los poseedores. Toda la vida siempre hemos estado con esa sensación y el rumor de que nos van a sacar. Nadie tiene escritura, todos tenemos compraventa, esa es la lucha aquí, por la escritura”. Afirmó Fabiola Rengifo.

La señora Rengifo advierte además, que también deben investigar primero la situación de las personas, porque así como ha pasado aquí en La Iguaná, han llegado inescrupulosos a invadir lotes.

Pero este tipo de gente después vuelve a hacer lo mismo en otras partes y su objetivo real es construir casas para posteriormente arrendarlas. Aunque Fabiola también reconoce que hay mucha gente desplazada que sí necesita una solución de vivienda.

“La mayoría de las personas que desalojan aquí no reciben solución de vivienda como ocurrió con la comunidad de los ranchitos, les pagaron tres meses de arriendo y luego los dejaron a la deriva». Concluyó Fraquelina Suárez.

Siga leyendo: Niau Guau, peluquería canina que revolucionó a Bosques de San Pablo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *