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Colectivo de Parteras Valle de Aburrá. Manos que dan vida

Marisol Pineda Giraldo siente que ser partera es más que una labor: es un llamado profundo, un honor sagrado y una responsabilidad inmensa. En el Colectivo Parteras de Valle de Aburrá, ella y sus compañeras caminan junto a las mujeres en los momentos más trascendentales de sus vidas.

No solo asisten partos, sino que tejen historias, sostienen manos temblorosas y susurran palabras de aliento. Están presentes desde la pre-gestación, acompañando cada latido nuevo, hasta el puerperio y más allá, siendo faro y refugio en las transiciones de la maternidad y la crianza.

Escuchar con el alma

«Durante la gestación, nos entregamos a la escucha», dice Marisol. «Hay masajes, hay palabras, hay pausas para sentir. Nos sentamos a hablar sobre los miedos, las alegrías, las dudas. Ayudamos a cada madre a construir la historia de ese bebé que viene en camino», manifiesta entre tonadas de relación y un ambiente muy campestre.

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Su labor va más allá de lo tangible. No solo preparan cuerpos para dar a luz, sino que acompañan almas en su transformación. Además, creen en la sabiduría del cuerpo, en la capacidad innata de parir. «Confiamos en que nuestro cuerpo sabe hacerlo. Parir no es solo traer un bebé al mundo, es renacer también como madre, como familia, como ser».

Vocación. La vida misma

Para Diana Hurtado, el primer parto que acompañó fue toda una revelación. Ahora asiste a muchas de las sesiones de parto del colectivo y se siente muy feliz de poder compartir esta experiencia.

«En ese momento supe que mi vida estaría ligada a este camino. Cada parto que acompaño me transforma. En cada mujer, en cada familia, re descubro el sentido de la vida, la fuerza del amor y la importancia de honrar las decisiones propias».

Sanar y renacer

A punto de conocer a su bebé, Manuela García habla con ternura de la experiencia. «Mi niña se llama Alana Paz. Estamos siendo acompañadas por Marisol y el Colectivo de Parteras del Valle de Aburrá, y es un regalo inmenso. Ser acompañada por una partera es sanar, es ordenar el corazón, es mirar hacia adentro. Es tener a alguien que, desde otra luz, te ayuda a verte y a prepararte para recibir la vida». Para las participes del Colectivo Parteras de Valle de Aburrá, cada parto, es una historia irrepetible. Una experiencia que las eleva más como personas y colaborativos.

Susana Karollys, también madre, partera y doula, lo tiene claro: «Cada parto es un mundo, un universo que se despliega con su propia energía. Los recuerdo con cariño, con respeto, con amor. En cada uno, el milagro se manifiesta de manera distinta».

Guardianas del nacimiento y la autonomía

Este Colectivo de Parteras de Valle de Aburrá son mucho más que acompañantes: son guardianas del nacimiento, del amor y de la autonomía. Caminan con las mujeres que las eligen, con la certeza de que en cada parto renace no solo un bebé, sino también una madre, una familia, un vínculo sagrado con la vida.

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