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El dilema eléctrico que divide a los conjuntos

La movilidad eléctrica en Colombia ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad comercial contundente. Según cifras de la Asociación Nacional de Movilidad Sostenible, durante el año 2025 se vendieron 19,000 vehículos eléctricos en el país. Si bien la participación porcentual aún es moderada, el ritmo de expansión está generando una presión inesperada sobre la estabilidad eléctrica de las unidades residenciales.

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Esta situación ha provocado que las solicitudes masivas de puntos de carga individuales saturen las agendas de las asambleas y consejos de administración.

El verdadero cuello de botella no reside en la comercialización de los automóviles, sino en la capacidad de la infraestructura para soportar la carga. En la teoría, cada propietario tiene el derecho de instalar su propio cargador. Sin embargo, en la práctica, la acometida eléctrica y el transformador del conjunto residencial son bienes comunes con una capacidad finita que no crece a la misma velocidad que las ventas de vehículos.

De lo individual a lo colectivo

El problema técnico es estructural. Aunque cada usuario realice su propia instalación, todos dependen del mismo transformador común. Los expertos advierten que llegará un momento en el que, por limitación física, no será posible conectar un cargador más sin realizar inversiones en subestaciones. Esta saturación plantea dilemas de convivencia similares a decidir quién tiene derecho a usar la piscina y quién queda excluido por falta de espacio.

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Aunque existen tecnologías de balanceo de carga para distribuir la potencia, estas requieren que todos los cargadores estén gestionados bajo un mismo sistema centralizado. Algo casi imposible de coordinar cuando cada instalación se ha realizado de forma independiente.

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Ante este panorama, surge la propuesta de las estaciones de carga comunitarias como una alternativa sostenible y equitativa. Pablo Gaviria, líder de Movilidad Eléctrica de Erco Energía, señala que el modelo ideal consiste en centralizar la carga en infraestructura bajo reglas de copropietarios.

Solución al caos eléctrico residencial

Este enfoque reduce la problemática de sobrecarga en los transformadores y simplifica la ejecución técnica. De hecho, algunas unidades residenciales ya han comenzado a prohibir las instalaciones particulares, optando por soluciones colectivas. Erco Energía, como actor clave en el sector, reporta que a 2025 ha instalado 3,500 proyectos en diversos sectores, impulsando este cambio de paradigma.

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La relevancia de solucionar el esquema de carga residencial es global. Datos del NREL en Estados Unidos y estudios en el Reino Unido indican que entre el 76% y el 80% de los conductores prefieren cargar sus vehículos en casa por conveniencia y costo. En Noruega, el mercado más maduro del mundo, esta cifra alcanza el 81%. Para que Colombia mantenga su ritmo de transición energética, los conjuntos residenciales deberán evolucionar hacia modelos de gestión compartida.

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