Fin a 50 años de salpicones en Campos de Paz

Fin a 50 años de salpicones en Campos de Paz

Fin a 50 años de salpicones en Campos de Paz

Los salpicones de Campos de Paz — los famosos «salpimuertos» — institución gastronómica de 50 años de tradición, cierran sus puertas por obras del Metro de La 80. Melón y Salpicón y Salón de Frutas Curuba han sido referente frente al cementerio. El negocio recibió notificación de desalojo desde diciembre para permitir el avance de la movilidad en este macroproyecto.

Cortesía El Colombiano. Según se informó que los negocios deben entregar el 30 de noviembre. Las obras del Metro de la 80 exigen cierre del sector para construcción del viaducto.

Origen yarumaleño y auge familiar

La yarumaleña Luz Marina Areiza fundó el negocio a mediados de 1975, cuando Campos de Paz tenía seis años. Comenzó con helados, cremas y frutas picadas en la portería del camposanto. Posteriormente, atendió sugerencias de clientes para incluir salpicones en el menú.

El establecimiento creció hasta convertirse en kiosco con mesas. Los clientes se sentaban en cajas de gaseosa inicialmente. Con el tiempo, incorporó copas de cristal fino y atención familiarizada. Érica Tobón, administradora desde hace 13 años, destaca el cariño de Areiza hacia empleados y comensales.

Clientela diversa y ubicación única

Frecuentaban el lugar allegados de fallecidos y/o espectadores del aeropuerto Olaya Herrera. Familias enteras, parejas y taxistas trasnochadores formaban parte de la tradición dominical. Entre los años 80 y 90 alcanzó su mayor auge como punto de encuentro contradictorio.

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Artistas como Ismael Romero, Nelson Velázquez y Karol G visitaron el establecimiento. Extranjeros de Estados Unidos y Alemania también probaron los salpicones. Oswaldo Sánchez, trabajador, enfatiza el uso de fruta fresca seleccionada con cuidado familiar.

Última cucharada por progreso

Según se informó que los negocios deben entregar el 30 de noviembre. Las obras del Metro de La 80 exigen cierre del sector para construcción del viaducto. Los 15 empleados enfrentan incertidumbre laboral inmediata.

Érica Tobón agradece a clientes que sostuvieron el negocio cinco décadas. Un trabajador con 34 años lamenta el cierre cerca de su jubilación. La familia propietaria evalúa posible reubicación sin confirmación oficial.

Sabor casero y legado perdurable

El éxito radicaba en preparar todo con amor, según Tobón. El salpicón combinaba dulce y ácido evocando sabor casero de abuela. Posiblemente originó la versión con helado y barquillos popular en Medellín.

Clientes generacionales regresaban con nietos desde infancia. Tras entierros, colocaban urnas en mesas para disfrutar el postre. John Mario Areiza desmintió mitos de fantasmas, que han surgido desde el año 1997; epoca en la que surgieron varios relatos urbanos. Él afirma temer más a los vivos que a los muertos.

Fin de era nostálgica

El cierre conmociona a comensales habituales por su arraigo cultural. El negocio simbolizaba tradición gastronómica y un património inquebrantable junto al camposanto. Finalmente, el progreso se cobra la cuota de historia y nostalgia medellinense. A su vez, todos esperamos que esta clase de sacrificios culturales y patrimoniales valgan la pena y no se conviertan en testimonio de elefantes blancos de la contratación.

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