Resiliencia femenina en El Vergel

Resiliencia femenina en El Vergel

Resiliencia femenina en El Vergel

San Antonio de Prado, corregimiento al suroccidente de Medellín, es un territorio donde la ruralidad y la vida urbana se entrelazan en el día a día de casi 180 mil habitantes. Aunque la mayoría reside en el casco urbano, la riqueza agrícola y cultural del lugar sigue siendo un pilar fundamental para sus comunidades. En este contexto, un grupo de mujeres ha transformado la adversidad en oportunidad y resiliencia.

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Son 36 mujeres. 36 familias dispuestas a sembrar, aprender y apoyarse mutuamente.

Durante la pandemia, nació el Club de Mujeres y Familia El Vergel, liderado por Cenelia Cano, una mujer comprometida con la seguridad alimentaria y la salud mental de sus vecinas. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa de autoconsumo, hoy es un referente de empoderamiento y sostenibilidad en la región. Así, la historia de estas mujeres se convierte en un ejemplo de cómo la unión y la solidaridad pueden cambiar realidades.

Un sueño colectivo que floreció en la crisis

En el año 2020, cinco mujeres se reunieron para enfrentar juntas la incertidumbre del encierro y el miedo a la escasez. Pronto, el grupo creció hasta reunir a 36 familias, todas dispuestas a sembrar, aprender y apoyarse mutuamente. El proyecto se expandió más allá de las huertas: capacitaciones en derechos, primeros auxilios, emprendimiento y empoderamiento femenino se convirtieron en parte esencial de su trabajo. Además, llevaron su experiencia a instituciones educativas, enseñando a niños y jóvenes el valor de la agricultura sostenible.

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El club no solo fortaleció la seguridad alimentaria, sino que también se transformó en una red de apoyo emocional. Marta Maso, una de las fundadoras, recuerda cómo compartir sus dificultades aligeró la carga de la pandemia. Así, el acompañamiento mutuo se volvió fundamental para superar la crisis económica y emocional. Por consiguiente, el espacio se consolidó como un refugio en tiempos de adversidad.

Cultivar la tierra y el amor propio

El impacto del club va más allá de la producción agrícola. Lucía Berrío, quien llegó al grupo en medio de una depresión, encontró en la siembra y la convivencia una nueva razón para sonreír. “Aquí encontré paz, tranquilidad y salud mental. Ya no tengo tiempo para deprimirme”, afirma. Además, el club fomenta la autoestima y el empoderamiento, brindando herramientas para enfrentar los desafíos cotidianos. Así, las mujeres aprenden a valorarse y a construir una vida más plena.

Con mi Cuerpo Nadie Se Mete

Por otro lado, el club ha sido clave en la prevención de violencias de género, un problema creciente en el corregimiento. Luz Arlenzi Cardeño, psicóloga que acompaña el proceso, destaca cómo las participantes han roto estereotipos y fortalecido su independencia. Además, reciben capacitaciones para identificar violencias y acceder a rutas de atención, lo que les permite protegerse y apoyar a otras mujeres en situaciones similares.

Aliadas para el cambio y la autonomía

El club cuenta con el respaldo de entidades como la Alcaldía de Medellín, el SENA y universidades, que ofrecen formación para impulsar la autonomía económica de las mujeres. Así, la articulación institucional fortalece el proceso y amplía las oportunidades de desarrollo. Además, la experiencia del club ha inspirado a otras comunidades a replicar el modelo asociativo en diferentes territorios. Por lo tanto, el impacto trasciende las fronteras de San Antonio de Prado.

La participación de jóvenes como Shaira Zapata demuestra que el club es un espacio intergeneracional. “Aquí no somos madres ni esposas, somos mujeres que compartimos, aprendemos y crecemos”, afirma la joven. Así, el club se convierte en un escenario donde las nuevas generaciones pueden reafirmar su identidad y proyectar su futuro con confianza.

De club a corporación: un legado que crece

En 2024, el grupo se formalizó como la Corporación de Mujeres y Familia El Vergel (COMUFAVE), con el apoyo de la Unidad Solidaria. Ahora, trabajan en proyectos como una tienda solidaria para comercializar sus productos y fortalecer la economía local. Además, sueñan con crear una finca-escuela que multiplique el impacto de su labor. Por consiguiente, el legado de estas mujeres sigue creciendo y consolidándose.

San Antonio de Prado se posiciona como un territorio de mujeres empoderadas, que siembran no solo alimentos, sino también esperanza, autonomía y comunidad. Así, el ejemplo de El Vergel inspira a otras mujeres a creer en la fuerza de la unión y el trabajo colectivo. Finalmente, la historia de este club demuestra que, incluso en los momentos más difíciles, es posible transformar la realidad y construir un futuro más justo y solidario.

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