Por: Sebastian Gómez Hidalgo – Comunicador Social.
El skate, es un deporte que no muchos jóvenes practican, pero quienes lo hacen, disfrutan de la pasión y la adrenalina que solo una tabla puede ofrecer.
Christopher Mejía, es un joven que disfruta recorrer las calles de Medellín encima de su tabla, junto a sus amigos.
Él, como muchos otros muchachos de la ciudad, tienen un estilo de vida diferente al común, ya que su medio de transporte es poco habitual.
Su primera tabla
Era elaborada en madero, de marca nacional. El costo en aquel entonces fue de $15.000 pesos y un amigo suyo le regaló los trucks y las ruedas.
Esto, fue a la edad de 9 años, y desde aquel entonces el joven no paró de movilizarse en su patineta de un lado a otro.
El hobby, se convirtió en una pasión que en la actualidad disfruta más que el primer día.
¿La pasión como profesión?
Sin duda alguna, la ilusión de este muchacho es que algún dia pueda pasar de practicar el skate como un pasatiempo, a hacerlo de manera profesional.
Aunque es conciente de que la competencia es bastante fuerte y aquellos que llegan a un nivel alto, son expertos en la materia y las marcas difícilmente se acercan a deportistas con poco reconocimiento.
«Aquí se patrocina el skate. La Alcaldía que nos ha apoyado bastante es la de Envigado. Ellos nos invitan a eventos, a veces descolgamos en El Salado, también vamos al skater de Envigado y las incripciones a los campeonatos que realiza el municipio son económicas, accesibles para nosotros, y, los premios son patinetas y accesorios para estas«, afirma el joven deportista.
Skate downhill
Esta es la rama de este deporte en la que Christopher se especializó. El downhill, es una práctica que no todo el mundo está en condiciones de realizar, debido a su alto grado de peligrosidad.
Si bien afirma que por parte de los entes correspondientes hay un apoyo importante, es claro que en nuestra ciudad no hay un espacio ideal para este ejercicio.
Descender en espacios inclinados, a merced de caer y lastimarse fuertemente o hasta incluso perder la vida, es a lo que se arriesgan los jóvenes que realizan este deporte más que emocionante.
Por lo anterior, en la gran mayoría de las ocasiones Christopher y sus compañeros deben salir en horas de la madrugada, para poder practicar el skate downhill con menos riesgos, tanto para ellos como para quienes manejan los carros y las motos que transitan por las vías.
El apoyo familiar
«Yo solo vivo con mi madre y ella siempre está insistiéndome en que compre unas buenas rodilleras, unas buenas coderas, un casco fino que me proteja en caso de una caída, unos guantes que me protejan las manos, que consiga una pechera y todo lo que pueda servirme para salvaguardar mi vida«, nos contó el joven Mejía.
Si bien su madre lo apoya, se preocupa porque él se cuide como debe ser. El skate downhill no es para cualquiera.
Vivir de la patineta
Al progonista de esta historia le encantaría que su principal fuente de ingresos se generara montando en la tabla.
«Uno de mis sueños es llegar a representar a Colombia internacionalmente con el skate, específicamente en mi rama que es el downhill. A hoy, apenas son dos muchachos los que han representado al país en mi categoría. Yo sé que sí es posible, uno puede lograr sus metas, sus sueños. Es posible beneficiarse económicamente de lo que a uno le gusta y de lo que uno hace«, así, finalizó Christopher Mjía.
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