El rebusque diario y los trabajos por horas sin contrato determinan las cifras de informalidad en el país. Las personas en las 13 áreas metropolitanas más importantes, incluyendo Medellín, que desarrollaron actividades informales entre noviembre de 2021 y noviembre 2022, fueron 4,9 millones.
Lo que significa una tasa de 46,4 %, según lo reportó el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Lo anterior significa que Medellín cada día crece el comercio informal, por la dificultad de poder conseguir empleo formal.
Es fácil evidenciarlos en los espacios comunes de nuestros barrios y ni qué decir del centro de la capital Antioqueña. Personas ofreciendo cualquier clase de producto sin importar si dificultan el fácil traslado de los ciudadanos que deben desplazarse por estos sitios.
También pasa en la 7
Robledo no está exento a esta problemática, siendo una de las comunas con más expansión en Medellín. Este crecimiento en equipamientos tanto en salud y educación, lleva a que las aceras se conviertan en pequeños sitios comerciales donde se vende toda clase de accesorios y productos alimenticios, engrosando las cifras de informalidad en el país.
“No hay nada que hacer a mi edad, no me dan empleo en ningún sitio. Lo único que me queda es rebuscarse en la calle y aquí encontré el punto perfecto para vender mis perros calientes. No gano mucho, pero con el billetico que me cae cada día logro sobrevivir, surtir y sostengo mi casa. Ya sea bajo el sol o el agua, uno debe rebuscarse el diario vivir”, comenta Pedro Castro, dueño de un puesto comestible aledaño al Tecnológico de Antioquia.
Como don Pedro, en Robledo, podemos encontrar miles de personas, quienes tratan con esta labor de mejorar su calidad de vida.
Bajo tensas condiciones laborales
“Somos perseguidos por la policía, los de espacio público y hasta quienes nos cobran vacunas. Pero toca, no hay más que hacer, aquí no hay ni sueldo mensual, ni prima”, expresa Jaime Tobón, que recorre con su carretilla varios barrios de la comuna, ofreciendo aguacates.
Afirma también que: “lo más grave es que estamos sin seguridad social y tenemos que liquidar al que es dueño del plante. Ellos nos entregan el producto que está de cosecha y nosotros lo vendemos para liquidar como si fuéramos taxistas”.

Este fenómeno donde están inmersos Pedro y Jaime lleva a una peligrosa saturación de las calles de las ciudades. Donde las personas al rebusque entran en un conflicto obligado con las autoridades, los peatones, vehículos de toda clase y con los formales.
Informalidad extrema
Lo que, además, aumenta la violencia y la desesperanza de la población que padece estas formas de trabajo. Pues su empleo es un empleo precario y empobrecedor, además de perseguido por las autoridades.
Esta informalidad económica crece a tal ritmo que, según la Organización Internacional del Trabajo, más del 55% de la población económicamente activa está siendo absorbida por este sector en Latinoamérica.
El docente investigador y economista de la Universidad de Medellín, Luis Guillermo Gómez Naranjo dice: “de cada 100 nuevos puestos de trabajo el 70 u 80% es creado en el sector de la informalidad en el país. Un caso real de este proceso es la producción a través de maquilas. Que genera desempleo y permite que la riqueza creada por el trabajador de un país vaya a otro país. Sin reinvertir en el país en donde se crea tal riqueza.
Inequidad y detrimento
Según él economista, esto muestra otra fase de lo desigual y explotador del capital internacional globalizado en detrimento de los países pobres. Lo que finalmente acentúa la pobreza de las naciones más pobres y la de su población”.
Por otro lado, las cifras de la Cámara de Comercio de Medellín, muestran que la maquila en Colombia crece cada día de una forma incontrolable y a lo que Medellín no se escapa. Debido que su sector textil-confecciones es típico productor por medio de este sistema.
En detrimento de los ingresos de los trabajadores, su estabilidad laboral y seguridad social. Donde el trabajador aparece como tal, en forma de contratista. De paso, el sector obrero pierde capacidad de asociación, sindicalización y de reivindicar calidad en su labor diaria y su calidad de vida.


