La vida de Manuel José Bermúdez no fue una historia más en Medellín. Fue una lucha constante, tan visible como incómoda, tan pública como profundamente íntima. Desde sus primeros pasos como activista en 1997, su voz retumbó en los pasillos del Concejo, en las aulas de la Universidad de Antioquia y en los movimientos LGBTIQ+ que buscaban dejar de ser una nota al pie. Sin embargo, su final, tan enigmático como su legado, parece haber sido otra forma de hacer política: calladamente, con dignidad y sin espectáculo.

Durante más de dos décadas defendió lo que llamó “el derecho a la indiferencia”, un concepto revolucionario que exigía que su orientación no tuviera por qué explicarse. Que su vida no tuviera que ser siempre pública. Que el amor, la identidad o la sexualidad no fueran bandera ni condena. Por eso, su desaparición y muerte no solo conmocionaron a quienes lo conocieron, también obligaron a una ciudad a mirar el silencio como forma de resistencia.
El silencio que habló más fuerte
Fue visto por última vez el 19 de enero de 2024. Su cuerpo fue hallado el 9 de marzo a orillas del río Medellín, pero la noticia estalló en medios el 17 de abril. Entre esas fechas, solo hubo silencio. Ni una denuncia pública. Ni una campaña de búsqueda. “Yo me imagino que se fue y se mató”, dijo su sobrina Nora Bermúdez, como aceptando que ese también era un acto de coherencia. Así lo entendieron también sus amigos más cercanos.

Uno de ellos, César Alzate, periodista y docente como él, lo resume sin rodeos: “Yo creía, sinceramente, y lo sigo creyendo, que para Manuel lo mejor en ese momento era el silencio”. Esa decisión, de no buscarlo de forma mediática, fue interpretada como un último acto de respeto hacia quien había exigido que su vida —y eventualmente su muerte— fueran decisiones propias.
La vida que incomodaba a los moldes
Manuel fue uno de los primeros hombres abiertamente gay en aspirar al Concejo de Medellín. Defendió la legalización del matrimonio igualitario, la visibilidad del poliamor y el reconocimiento legal de sus vínculos afectivos. Lo hizo no para representar a nadie, como solía decir, sino para visibilizar que en la diversidad también caben las múltiples formas del amor. “Soy un marica más”, gritó una vez al recibir la Orden al Mérito Juan del Corral.
Mientras tanto, su blog “Maricadas que uno piensa” recogía, sin filtros, las contradicciones del país frente a las identidades disidentes. Con humor, ironía y crudeza, convirtió su experiencia en una herramienta de reflexión. Además, dejó registros en video, entrevistas y columnas que aún circulan en redes, convertidos hoy en memoria viva de una lucha sin manual.
Más allá del activismo, una ausencia que denuncia
Según la Fiscalía, al menos 35 personas LGBTIQ+ desaparecieron o fueron asesinadas en Colombia durante 2024, 19 de ellas en Antioquia. Manuel fue uno de ellos. Aunque no se ha confirmado la causa de su muerte ni se han vinculado responsables, el hecho de que pasaran semanas sin que nadie preguntara por él revela algo más profundo. Una ciudad que no siempre escucha.
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Incluso el presidente Gustavo Petro solicitó públicamente una investigación. Pero aún hoy, más de un año después, la justicia sigue sin respuestas. Para muchos, su muerte sigue siendo una pregunta abierta. Para otros, es la continuación de su discurso: “Yo no soy homosexual como un asunto privado, también lo soy como un asunto público”, dijo en 2021. Y hoy, aún ausente, su nombre sigue siendo una presencia incómoda, para aquellos en contra de la libre expresión, y necesaria para una ciudad, muchas veces, indiferente.
Un legado que no cabe en lápidas
La muerte de Manuel Bermúdez no fue una casualidad del olvido. Fue una línea coherente con su pensamiento. Si la sociedad aún necesita escándalos para hablar de derechos, su forma de callar también fue un grito.
Su vida fue una obra política, poética y profundamente humana. Y en su despedida silenciosa, dejó una lección dolorosa y poderosa: el respeto, incluso al derecho a desaparecer. El derecho a que la humanidad no desaparezca. A que la memoria renazca e iluminé la razón de aquellos, como Manuel, que a pesar de las circustancias siempre serán almas libres y llenas de amor.

