¿Qué pasa en la mente de un niño al iniciar la etapa escolar?

¿Mis relaciones terminan como niños o como adultos?

Autor: Pastora Vera Ruiz, psicóloga clínica con especialidad en psicoterapia y salud mental.

Las memorias transgeneracionales suelen estructurar nuestros conflictos en pareja. Cuando iniciamos un proceso de transformación a través de terapia individual o de pareja, la lectura de libros, escuchar podcasts o asistir a talleres, comenzamos a trabajar nuestras creencias y las historias del pasado. Sin embargo, es frecuente repetir una y otra vez los mismos patrones hasta llegar al punto de desesperarnos o pensar que nada funciona. Entonces abandonamos el proceso o dejamos de creer que tiene sentido.

¿Te ha pasado?

Cuando esto ocurre, es momento de indagar en nuestro transgeneracional. Para lograr una transformación real y vincularnos de manera exitosa, debemos tener en cuenta tres momentos fundamentales en la vida que marcan nuestra historia afectiva:

  1. Lo sucedido tres meses antes de que nuestros padres nos concibieran.
  2. El ambiente emocional, económico y social desde la concepción hasta el parto.
  3. Las experiencias tempranas de apego con nuestros cuidadores.

Todas nuestras relaciones de pareja comienzan con la historia que vivimos con nuestros padres: con lo no contado, lo no recordado o lo no resuelto. En forma de lealtad inconsciente, repetimos lo ocurrido en nuestra historia familiar dentro de nuestras relaciones amorosas.

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La decepción que nos lleva a una ruptura puede ser gestionada desde una posición infantil o desde una posición adulta. Lo que nuestros padres nos dieron es lo que creemos que tenemos para ofrecer y recibir. Pero ellos no pudieron darnos más de lo que recibieron; también cargaban con reclamos infantiles hacia sus propios padres. Por eso, muchas veces esperamos o exigimos a la pareja que nos llene vacíos o cumpla nuestras expectativas, enamorándonos de una fantasía infantil de sanación. Sin embargo, ese reclamo nunca sustituirá lo que faltó en la infancia.

Podemos separarnos como adultos

Cuando somos capaces de negociar, hacer acuerdos, reparar, compensar y expresar lo que necesitamos sin atacar. Una separación adulta se basa en reconocer nuestras necesidades, establecer límites y priorizar el bienestar mutuo.

La mayoría de las personas, sin embargo, se separan como niños o adolescentes. No porque biológicamente sean inmaduros, sino porque su conciencia emocional se queda en ese estado, esperando que alguien venga a “salvar” su desamor.

Desde una conciencia infantil, la ruptura se vive desde la exigencia: “no estoy contento”, “tú no me cuidas”, “no me escuchas”, “ámame más”. Siempre hay una queja y una  ecesidad de ser atendido. Desde una conciencia adolescente, el reclamo se convierte en competencia: “no quiero que tengas lo que a mí me faltó”. Aparecen los celos, la persecución y los conflictos constantes, ocultando el deseo inconsciente de separación.

¿Cómo separarnos como adultos?

Aquí está el verdadero trabajo personal:

  • Cultivar el amor propio.
  • Desarrollar sabiduría emocional para gestionar el dolor de la ruptura.
  • Aprender estrategias de afrontamiento saludables ante la pérdida.
  • Entender que en pareja no nos corregimos: unas veces guías tú, otras veces guío yo.
  • No juzgar ni controlar a la pareja.
  • Hacer acuerdos claros, respetar los principios y mantener el aprendizaje constante.

Una pareja adulta no pretende saber todo sobre el otro, ni corregir su pasado. Comprende que la historia de su pareja no le pertenece y que el verdadero amor surge del respeto, la empatía y la libertad emocional.

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