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Fenómeno de El Niño: un desafío sin plan

Autor: Andrés Santiago Arroyave, activista y académico ambiental.

Colombia acaba de entrar en el fenómeno de El Niño y lo hace sin un plan nacional robusto para enfrentarlo El Ideam confirmó que este episodio será uno de los más intensos en décadas, con variaciones de temperatura que podrían superar los 2 °C y con efectos que se extenderán hasta 2027. La pregunta es inevitable: ¿cómo puede un país que ya conoce de memoria los estragos de El Niño llegar otra vez sin preparación? Algo inexplicable en un gobierno liderado por gente que se autoproclama apasionada por asuntos ambientales y climáticos.

Un país expuesto por la inacción

El Niño no es una sorpresa. Desde hace meses los modelos advertían su llegada, pero el gobierno nacional no ha presentado programas claros de mitigación y las entidades responsables de afrontar estos asuntos están sin un plan e incluso el Ministerio de Ambiente y la Ungrd están siendo lideradas por personas encargadas o recientemente nombradas. La ausencia de planes de contingencia expone a millones de colombianos a crisis de agua, energía, salud y seguridad alimentaria.

Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de Habitante Siete ni de sus aliados.

El Caribe será la primera región en sentir el golpe: La Guajira enfrenta el riesgo de una emergencia humanitaria por falta de agua y alimentos y Santa Marta ya está registrando temperaturas históricas. En la región Andina, Bogotá y Medellín podrían vivir racionamientos de agua y energía, mientras los incendios forestales amenazan los bosques de Cundinamarca y Antioquia. El Pacífico verá alterados sus ecosistemas húmedos y las comunidades afro e indígenas quedarán más vulnerables. Asimismo, en los Llanos Orientales, la productividad agrícola se desplomará, afectando cultivos y a la fauna.

Ecosistemas y población vulnerable: los más golpeados

El Niño no solo seca ríos y embalses, también arrasa con la biodiversidad. Los incendios forestales y la degradación de suelos ponen en riesgo especies endémicas y hábitats críticos. La fauna enfrenta estrés térmico y pérdida de alimento, mientras comunidades rurales, indígenas y población en pobreza extrema —más de 4 millones de personas— se convierten en las víctimas invisibles de esta crisis climática.

Acciones urgentes que no pueden esperar

Ya el gobierno debería estar socializando con urgencia en todo el territorio nacional acciones tendientes a afrontar los desafíos en los siguientes frentes:

  • Agua: almacenamiento comunitario, distribución equitativa y campañas masivas de ahorro.
  • Agricultura: diversificación de cultivos, semillas resistentes y apoyo técnico inmediato a campesinos.
  • Energía: diversificación de fuentes y reducción de dependencia hidroeléctrica.
  • Salud: vigilancia epidemiológica y prevención de enfermedades respiratorias y gastrointestinales.
  • Educación comunitaria: planes locales frente a sequías e incendios, fortaleciendo capacidades ciudadanas.

Conclusiones y sugerencias

No obstante, este tema no ocupa la prioridad en la agenda nacional, pues el presidente está más enfocado en el proceso electoral que en proteger al país de esta crisis que podría ser histórica. Además, algunas de las sugerencias en las que la academia y expertos son insistentes, giran en torno a estas cuatro acciones:

1. El gobierno nacional debe reaccionar ya. La falta de programas estructurados es una irresponsabilidad frente a un fenómeno anunciado con meses de anticipación.

2. Los gobiernos regionales y locales deben liderar. Alcaldes y gobernadores tienen que activar planes de contingencia inmediatos, priorizando agua, salud y seguridad alimentaria.

3. La resiliencia comunitaria es clave. Sin participación ciudadana y educación ambiental, las medidas técnicas serán insuficientes.

4. La coordinación interinstitucional es urgente. Ideam, ministerios, CAR y autoridades locales deben trabajar en red para anticipar y mitigar impactos.

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Finalmente, el Niño no es solo un fenómeno climático: es un espejo que refleja la fragilidad de nuestra gobernanza. Colombia necesita actuar con rapidez y decisión, diferenciando impactos regionales y protegiendo a los más vulnerables. La sequía que se avecina no perdonará la falta de planeación del gobierno ni las improvisaciones, y como siempre sucede en estos casos, los más afectados serán los ciudadanos y los ecosistemas más vulnerables.

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