Autor: Pastora Vera Ruiz, psicóloga clínica con especialidad en psicoterapia y salud mental.
Descubre qué ocurre en la mente de un niño al comenzar la etapa escolar. Aprende a identificar signos de estrés o ansiedad infantil y cómo acompañar emocionalmente a tu hijo en su regreso a clases.
Cambios emocionales y conductuales al iniciar clases
¿Has notado que tu hijo o hija se comporta diferente desde que volvió al colegio?
Tal vez tiene dificultad para dormir, reacciona con irritabilidad, presenta cambios en el apetito, se come las uñas o no quiere jugar. Estos pueden ser síntomas del estrés infantil que provoca el inicio del año escolar. Todo comienzo genera incertidumbre, y con ella surgen pensamientos de miedo, inseguridad o frustración.
Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de Habitante Siete ni de sus aliados.
Estrés y ansiedad infantil en el regreso a clases
Los niños pueden experimentar estrés escolar por varios motivos:
- Expectativas de los adultos: las presiones o comparaciones impuestas por padres y cuidadores.
- Experiencias pasadas: recuerdos de situaciones difíciles o frustrantes en años anteriores.
- Temor al rechazo: miedo a perder la aprobación o el cariño de los padres y amigos.
- Miedo al fracaso: temor a no cumplir con lo que se espera de ellos.
Estos factores pueden manifestarse como ansiedad infantil, reflejada en:
- Comer en exceso o dejar de comer.
- Comerse las uñas.
- Dolores estomacales o de cabeza.
- Diarrea o tensión corporal.
- Inquietud o dificultad para concentrarse.
- Deseo constante de estar frente a pantallas.
Importante: La ansiedad en los niños puede pasar inadvertida porque muchas veces se disfraza con el juego o el movimiento. Si observas estos cambios, es recomendable consultar a un profesional en psicología infantil.
Señales de alerta en niños y cuidadores
Al iniciar el año escolar, tanto los niños como los adultos pueden presentar una baja en su energía vital. Actividades que antes generaban alegría ahora no despiertan interés: ya no juegan con sus amigos, no quieren salir de casa o muestran desánimo constante. Si notas esto, es fundamental buscar orientación profesional para determinar si existe un estrés emocional o ansiedad recurrente que requiera acompañamiento psicológico.
Tres formas sencillas de apoyar a tu hijo
1. No invalides sus emociones: Permítele expresar lo que siente y ayúdalo a ponerle nombre a sus emociones. Ejemplo: “Parece que estás nervioso, ¿quieres contarme qué te preocupa?”
2. Evita minimizar su malestar: En lugar de decir “no es para tanto”, valida su emoción con empatía: “Comprendo que estás nervioso(a). Vamos a hacer esto juntos para que te sientas más tranquilo(a).”
3. Enséñale a respirar conscientemente: Practiquen 3 a 8 respiraciones lentas y profundas. Esto calma su cuerpo y mente, reduciendo la ansiedad.

