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Río Medellín. Domado, contaminado y, hoy día, en recuperación

Por: Tatiana Andrea Peña Hernandez.
tatiana.penahe@amigo.edu.co

El Río Medellín nace en el Alto de San Miguel y recorre, con sus 104 kilómetros de longitud, 10 municipios del Valle de Aburrá. Al llegar un poco más allá de Barbosa, se convierte en el Río Porce, que es afluente de Río Grande al norte del departamento.

En otros tiempos, la serpeante fuente hídrica recorría el valle libremente, llena de sabaletas y cultivos alimentados con sus aguas, llenándolo de vida. Sin embargo, por pura gravedad llegaban al río los desechos de la ciudad que crecía en las montañas. A pesar de esto, era conocido como una zona de disfrute entre los jóvenes que asistían a refrescarse en sus aguas, incluso, algunos valientes tomaban la osadía de arrojarse desde sus puentes.

A lo largo de sus 104 kilómetros, este afluente ha sido testigo del odio, el amor, la indiferencia y la atención de los habitantes de sus riveras. Las primeras zonas canalizadas permitieron la creación de dos bellos y arborizados caminos a lado y lado del río. Las avenidas Los Libertadores y La independencia conectaban la ciudad de norte a sur.

Domar el río

La libertad del río inundaba las tierras, creaba ciénagas y pantanos insalubres. Su cauce impredecible destruía las nacientes construcciones, amenazando los bienes materiales, la vida y el crecimiento de la ciudad. Los deseos de convertir a Medellín en una ciudad industrial generaron la necesidad de dominar el río y disponer de sus terrenos.

Por esta razón, en 1883 nacieron los proyectos de canalización dirigidos por Enrique Hauser, secretario de Obras Públicas. Posteriormente, con el objetivo de manejar las dificultades y lograr un plan urbanístico adecuado, Carlos E. Restrepo fundó en 1890 la Sociedad de Mejoras Públicas y la Junta de Rectificación de la Cuelga del Río.

Sin embargo, según Bibiana Preciado en su libro “Canalizar para industrializar”, las obras enfrentaron múltiples factores de resistencia que dificultaron su realización. Entre estos se encontraban la brusquedad de las aguas del río, que aumentaba con las lluvias, los debates entre ingenieros sobre cómo ejecutar las obras y la falta de cooperación de los propietarios de las tierras ribereñas. Como resultado, las construcciones avanzaban de manera lenta y discontinua, sufriendo pérdidas y retrazos durante las temporadas de lluvias, en el ejercicio de canalización.

La venganza del río

A lo largo de los años, Medellín ha sufrido múltiples inundaciones ocasionadas por el río Medellín, algunas de las cuales han resultado en la pérdida de vidas humanas. Se atribuyen estas consecuencias a que, en los 70 años transcurridos desde la canalización del río, nunca se ha intervenido de forma integral.

Recuperación del río

Actualmente, se avanza en la recuperación del río Medellín mediante planes dispuestos por el Área Metropolitana. Entre las iniciativas se destacan el desarrollo de sistemas de alcantarillado, la mejora en los sectores críticos de la canalización y la creación de espacios comunes como Parques del Río. Estas acciones buscan integrar el río como un elemento esencial para la cultura y el desarrollo de la ciudad.

“Hoy en día, como ciudad, le dimos la espalda al río Medellín. Lo vemos todos los días, pasamos por ahí, pero no hemos sido capaces de unirnos en torno a él para darle soluciones integrales y convertirlo en un cuerpo vivo de esta ciudad, donde todos podamos disfrutar de este canal tan importante”, expresó Alejandro de Bedout, concejal de Medellín.

El problema fue expuesto en el Concejo de Medellín por el mismo De Bedout, quien impulsa una solución integral desde las autoridades ambientales competentes. Declaró que no puede ser únicamente el metro de Medellín quien asuma las intervenciones relacionadas con la canalización del río.

En un estudio realizado por la profesora Lilian Posada, de la Universidad Nacional, se identificaron 84 puntos críticos en la canalización del río. Como respuesta, desde el Concejo se priorizó una inversión de 50 mil millones de pesos para una intervención integral. Además, De Bedout insiste en la necesidad de establecer una infraestructura administrativa y financiera que permita la creación de una institución responsable del río Medellín.

Canalización

La solución definitiva para el manejo del río Medellín llegó en 1951, cuando el alcalde Luis Peláez Restrepo contrató al ingeniero Barton E. Jones. Este profesional propuso la construcción de placas de hormigón espesas, inclinadas a 33 grados en dirección al río. Estas estructuras, que se conservan hasta hoy, permitieron construir en la franja de tierra previamente inundable.

Aunque las obras fueron exitosas desde el punto de vista técnico, invisibilizaron los aspectos culturales relacionados con el río. Este dejó de ser un lugar de encuentro y disfrute, se interrumpió el ciclo de vida de los peces y se rompió la conexión entre el agua y los árboles de las orillas, que dependían de ella. Sin embargo, en 1960, la obra fue finalizada exitosamente.

El vertedero de residuos

En 1989, el río Medellín recibía 200 toneladas de materia orgánica a lo largo de su recorrido por el Valle de Aburrá. Este vertimiento provocaba un fuerte olor nauseabundo en varias zonas cercanas. Con el tiempo, el río perdió su capacidad de autorrecuperación y, según el ingeniero sanitario Jorge Augusto Lopera, se convirtió en un río eutroficado, con un 0% de oxígeno disuelto hacia el año 2000.

Desde 1960, Empresas Públicas de Medellín (EPM) inició planes para el manejo de residuos. También surgieron proyectos como el Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca Hidrográfica (POMCA), el Plan de Ordenamiento del Recurso Hídrico (PORH) y el Plan de Saneamiento y Manejo de los Vertimientos (PSMV).

En el caso del río Aburrá, las entidades encargadas de ejecutar y supervisar estos proyectos son el Área Metropolitana del Valle de Aburrá en la zona urbana, Corantioquia en la zona rural y Cornare en las áreas de Guarne y Santo Domingo. Según el equipo de planeación del Área Metropolitana, entre 2019 y 2032 se destinaron 130.000 millones de pesos para la recuperación del río.

Red Río

Entre las medidas adoptadas para el cuidado del río Medellín se encuentra la Red Río, un sistema de monitoreo compuesto por 14 estaciones estratégicas a lo largo de su recorrido. Estas recopilan información sobre la calidad del agua, y tres de ellas realizan mediciones automáticas las 24 horas del día. Estas estaciones están ubicadas en San Miguel, Ancón Sur y el Aula Ambiental (antigua sede del Instituto Mi Río).

A pesar de las dificultades estructurales del Aula Ambiental, Santiago Hidalgo explicó que esta sigue operando bajo la administración de la Alcaldía de Medellín. “La presión de la industria y del lucro por el aprovechamiento del terreno fue la que nos llevó a mirar el río únicamente en su aspecto funcional… nunca pensamos en el agua como valor ambiental”, expresó el arquitecto Luis Fernando Arbeláez.

Mi Río

El Instituto Mi Río fue creado en 1992 con el objetivo principal de reducir la contaminación del río Medellín y sus afluentes, así como de promover la conciencia ambiental. Operaba desde el Aula Ambiental, pero dejó de funcionar en 2005 debido a la falta de inversión de la administración municipal.

William Álvarez, del equipo de Planeación del Área Metropolitana, comentó que se está considerando la reinstauración del Instituto Mi Río como parte de las conversaciones actuales sobre el cuidado del río Medellín.

«El Aburrá es un humilde, un ignorado, un agua sin nombre. Como los buenos y sencillos trabaja en silencio y en la oscuridad, y trabaja ¡Dios lo sabe! Él riega y fertiliza los campos de esta villa que quiso darle un nombre».

Tomas Carrasquilla.

Tratamiento de aguas residuales

El Valle de Aburrá cuenta con dos Plantas de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR): San Fernando, ubicada en el sur, y Aguas Claras, situada en el norte. Según Antonio Quintero, encargado de procesos en las PTAR, estas plantas evitan que 120 toneladas de carga contaminante lleguen al río diariamente, contribuyendo a mejorar las condiciones de habitabilidad en sus orillas.

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Gustavo Castañeda, ingeniero de planta en San Fernando, y Sebastián Pescador, ingeniero en Aguas Claras, explicaron que el sistema de alcantarillado mixto recolecta las aguas residuales mediante los Interceptores Oriental y Occidental, ubicados a ambos lados del río.

Procesos en las plantas

Al llegar a las plantas, las aguas residuales pasan por varias etapas de tratamiento.

Cribado: se realiza la separación del material grueso y fino mediante rejas automáticas. Posteriormente, el agua pasa a un proceso de desarenado. En estas etapas se retiran alrededor de 1.000 metros cúbicos de residuos ordinarios al mes, los cuales son depositados en un relleno sanitario.

Sedimentación primaria: el agua se lleva a tanques cóncavos diseñados para separar el lodo generado en las aguas.

Tratamiento secundario: en esta fase, se utilizan cultivos de bacterias que habitan en tanques de seis metros de profundidad. Difusores de burbuja fina suministran oxígeno a los microorganismos, que se encargan de remover la materia orgánica del agua, transformándola en lodo.

La canalización permitió llevar al lado del río los principales elementos viales de la ciudad, como la avenida regional y el metro.

Remoción de nutrientes: una parte del agua pasa por este proceso para evitar la proliferación descontrolada de algas, que podría llevar al río a un estado de eutroficación.

Finalmente, el agua tratada se vierte al río con un contenido de 4 a 5 miligramos de oxígeno por litro, lo que indica que más del 85% de los contaminantes han sido eliminados. Según Sebastián Pescador, el agua tratada en la planta Aguas Claras es tan óptima que, si se llevara a una planta de potabilización, podría ser apta para consumo humano.

Cobertura actual y proyectos futuros

Entre las plantas San Fernando y Aguas Claras, se trata el 84% de las aguas residuales del Valle de Aburrá. El 16% restante corresponde a las aguas generadas en los municipios de Copacabana, Girardota y Barbosa, que actualmente no cuentan con plantas de tratamiento.

Sin embargo, Antonio Quintero aseguró que EPM tiene proyectada la construcción de plantas de tratamiento para estos municipios entre los años 2028 y 2030, lo que permitirá completar la cobertura del tratamiento de aguas residuales en toda la región.

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