En las repisas de la casa donde creció Santiago Ramírez Rubio, en el barrio Belén de Medellín, no había trofeos de fútbol ni imágenes religiosas. Lo que custodiaba aquel hogar era una flota de aviones a escala, una colección privada de su padre, Juan Carlos Ramírez, que terminó por trazar el destino de su hijo.
Rolls-Royce creó el avión eléctrico más rápido del mundo, el Spirit of Innovation, que alcanzó una velocidad máxima de 621 km/h en 2021.
Hoy, a sus 41 años, ese niño que correteaba por mangas de Girardota reparando aeromodelos accidentados es una de las mentes brillantes detrás de los motores que impulsan la aviación global en Rolls-Royce. La travesía de Santiago hacia el Reino Unido comenzó con una determinación inusual para un joven de 16 años. Ante la ausencia de programas de ingeniería aeronáutica en su ciudad en aquel entonces, empacó maletas hacia Bogotá para formarse en la Universidad San Buenaventura.
Pasión por el aire
Esto lo llevó a encadenar una maestría en Ingeniería Mecánica en la Universidad Nacional y otra en Sistemas Energéticos en la Universidad de Gävle, Suecia. Sin embargo, su objetivo nunca fue pilotar las naves, sino descifrar el misterio del funcionamiento de los aviones.
Esta noticia te puede interesar: La nueva cara del Nobel de la Educación en Colombia
El punto de inflexión llegó durante su etapa como docente, cuando obtuvo una beca de Colciencias para realizar un doctorado en el exterior. Santiago contactó a un profesor de la Universidad de Cranfield en Inglaterra que lideraba proyectos vinculados directamente con Rolls-Royce. «Me preparé mucho mental y académicamente porque aquí te toca competir con los mejores ingenieros del mundo», afirma Ramírez.
El juego que se convirtió en una carrera
Su labor en la sede de Derby está vinculada a Rolls-Royce Holdings, la división encargada de los motores de aviación. Allí, Santiago se especializa en la aerodinámica de fanes, un complejo campo de la mecánica de fluidos. Además, su desempeño excepcional durante el doctorado fue su mejor carta de presentación, permitiéndole superar rigurosas entrevistas y consolidarse en una compañía de elite.
A pesar de la distancia y los años en el Reino Unido, sus padres, Juan Carlos y Myriam, siguen siendo su pilar fundamental. Ellos viajan con frecuencia a Inglaterra para visitar a Santiago, a su esposa y a sus dos hijas gemelas, Sophie y Salomé. Finalmente, en la ciudad de Derby, Santiago Ramírez demuestra que el impulso fue suficiente para aterrizar en la cima de la ingeniería mundial.



