El 13 de julio de 2024, Medellín fue escenario de la quinta edición de «Yo Marcho Trans», una movilización que se ha consolidado como un espacio de reivindicación y homenaje. Este año, la temática giró en torno a «Las Falsas Mujeres de Guayaquil», un libro de Elkin Naranjo y Walter Bustamante. La marcha se llevó a cabo en memoria de las mujeres trans que, en la antigua Plaza de Guayaquil, hoy Parque de las Luces, enfrentaron años de violencia y discriminación.
Estas mujeres, que fueron y son «madres», han recorrido un camino lleno de desafíos en una época donde la homosexualidad y el travestismo eran ilegales. «La violencia policial era desmedida», recordó Valery P. Ramírez, activista y líder de la marcha. Este evento no solo conmemoró a las que ya no están, sino que también fue un llamado a la reflexión sobre la situación actual de las personas LGBTIQ+ en Colombia.
Homenaje a la resistencia Trans
La marcha fue un homenaje clave a las mujeres que ejercieron el trabajo sexual en las calles de Guayaquil. «Se tejieron hilos de múltiples relatos, y en todos se resalta la resistencia del querer ser«, afirmó Ramírez. A lo largo del recorrido, se alzaron voces en honor a aquellas que han sido víctimas de violencias institucionales, la falta de reconocimiento a su identidad y el abandono por parte del Estado.

El plantón realizado entre La Playa y la Avenida Oriental fue un momento crucial. Allí, los participantes exigieron que «todas las vidas importan», enfatizando que las vidas de las personas trans y no binarias no valen menos. Este acto de resistencia es un recordatorio de las luchas pasadas y presentes que enfrenta la comunidad LGBTIQ+ en Antioquia, un departamento con altos índices de transfeminicidios.
La marcha como plataforma de denuncia
«Yo Marcho Trans» es más que una marcha; es una plataforma de denuncia. Valery P. Ramírez, fundadora de la Corporación PETRA y presidenta de Sintrasexa, ha liderado este evento durante cinco años. «Cada año planteamos una temática que haga eco de la vulneración a los derechos fundamentales de la población trans», comentó. Este año, la movilización se centró en la adultez mayor de la comunidad LGBTIQ+, un sector frecuentemente olvidado.
La participación de diversas organizaciones y colectivas LGBTIQ+ fue notable. «Este año, la Gerencia de Diversidades Sexuales e Identidades de Género de la Alcaldía de Medellín se vinculó por primera vez», destacó Ramírez. La marcha reunió a aproximadamente 1.500 personas, quienes se unieron en un grito colectivo por el derecho a vivir con dignidad y seguridad.
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Durante el recorrido, se observaron «trepes», carteles, body-painting y performances que reflejaron la diversidad de la comunidad. La música y el baile animaron el ambiente, creando un espacio de celebración y resistencia. Al finalizar la marcha, se llevaron a cabo actividades culturales que continuaron hasta la noche, celebrando la diversidad que une a la comunidad.
La importancia de «Yo Marcho Trans»
El evento ha crecido y se ha fortalecido con el tiempo. «Es un evento significativo que moviliza y motiva a más personas cada año«, expresó Ramírez. La marcha no solo busca visibilizar la lucha de la comunidad trans, sino también generar conciencia sobre la importancia de la inclusión y el respeto por la diversidad.
«Es un grito unísono por el derecho a vivir, sobre todo con dignidad y seguridad«, afirmó un participante. La marcha es una desobediencia al sistema heteronormativo y un llamado a la acción. «No hay nada que curar y la ‘Ley Integral Trans’ será ley ya», concluyó Ramírez, enfatizando la necesidad de avanzar en la protección de los derechos de la población trans.
«Yo Marcho Trans» no solo es un evento, sino un movimiento que continúa creciendo y resonando en las calles de Medellín, uniendo a la comunidad en su lucha por la justicia y la igualdad.

