Autor: Andrés Chica – Comunicador social y periodista, especialista en gestión ambiental y magíster en comunicación política. Apasionado por el cambio social, promuevo los derechos humanos, la equidad de género y la participación ciudadana, construyendo narrativas que transforman el debate público e impulsan políticas con impacto real en poblaciones vulne
Este es un espacio de debate que no compromete la opinión de Habitante Siete ni de sus aliados.
Estos días la lluvia no ha parado. No es solo el frío o la ropa que no se seca. Es el miedo. El miedo de que la montaña se venga abajo, de que el río se meta a la casa, de que esta vez sí nos toque perderlo todo.
A veces parece que la tierra nos estuviera reclamando algo. Y la verdad es que sí: llevamos años tratándola mal. Tapamos los caños, talamos los árboles, construimos donde no se debe. Le quitamos a la naturaleza el espacio que necesita para vivir… y ahora se nos está devolviendo.

Pero esto no es solo culpa del clima y la lluvia
Esto también es culpa nuestra. De las decisiones que se toman desde una oficina lejos del barrio, donde nunca llueve tan fuerte. O de nuestra indiferencia diaria, cuando botamos la basura en la calle, cuando no cuidamos lo que tenemos cerca.
A mí me duele ver cómo las personas más humildes son siempre las más golpeadas. La señora que perdió su casita en el derrumbe. El niño que ya no tiene escuela. El campesino que ve cómo su cultivo se inunda. Y mientras tanto, algunos siguen hablando del medio ambiente como si fuera una moda, una etiqueta bonita para una campaña política.
Pero el medio ambiente no es una idea lejana. Es el río que cruza el pueblo y el árbol que da sombra. Al igual que la tierra que da comida y la lluvia que puede ser bendición o castigo. Es nuestra casa.
Por eso esta vez no podemos seguir como si nada
Tenemos que cuidar lo que aún tenemos. Reforestar, limpiar, escuchar a la gente que vive en el territorio y sabe cuándo un río está triste o una quebrada se va a salir. Tenemos que enseñarle a los más jóvenes a amar el agua, no a temerle.
Esta lluvia no es solo agua: es un mensaje. Nos está diciendo que tenemos que cambiar. Que la vida no aguanta más descuidos. Y que, si no hacemos algo ya, lo que hoy es tristeza, mañana será tragedia.
La verdadera transformación empieza cuando entendemos que no hay bienestar humano sin equilibrio ambiental. Que proteger la selva, el páramo, el río, no es una moda verde, sino una urgencia ética.
El medio ambiente nos habla. La tierra se nos está moviendo bajo los pies. ¿Cuánto más vamos a esperar para escuchar?

